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Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.
Salmo 23:4

Su presencia admirablemente fiel

«Desde que tengo memoria de ello, creo en Aquel cuya presencia es admirablemente fiel. Esta presencia que me acompaña a pesar de mis preguntas, mis dudas, mi ingratitud, es la del Dios creador y redentor, del Resucitado vencedor de la muerte.

Lo que la ciencia nos aporta sobre el universo, sobre nuestros cromosomas, no pone en duda mi fe en Jesucristo. Cuanto más leo, cuanto más escucho a aquellos que me ayudan a comprender el mundo, más claro me parece el hecho de que la fe, que comparto con millones de hombres y mujeres de ayer y de hoy, es un regalo de Dios. Creo en Dios porque viví y vivo del gozo que va unido al agradecimiento por sus dones. Ese gozo no pone trabas a la conciencia de mi debilidad. Mi confianza reside en la compasión y en la fidelidad del Redentor. Sin embargo, cuanto más creo en la fidelidad divina, menos digna me creo de ella. Mi fe a menudo es tan pequeña... Tengo la impresión de dar a Dios tan solo un consentimiento en migajas...

Creo que he podido confiar totalmente en Dios solo en medio del sufrimiento. Sufrimiento agudo ante el dolor de aquellos a quienes amamos, sin poder ayudarles. Entonces, toda sabiduría humana es irrisoria. En esos momentos solo podemos hallar la paz en el amor de Cristo, al aceptar seguirlo allí donde nos precede.

¡Señor, abre mi corazón al verdadero amor, y hágase según tu voluntad!».

Michèle M.

“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7).

Lectura: Job 24 - Hebreos 10:1-18 - Salmo 129 - Proverbios 28:5-6

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